Boda de Inma y Mariano en el Monasterio de San Zoilo
A Inma la conocí de una forma bastante curiosa.
Hace años estaba montando una película de otra boda y necesitaba unos planos de un parte meteorológico. Encontré un vídeo en el que ella aparecía presentando el tiempo y le escribí para preguntarle si podía utilizarlo. Me dijo que sí, sin problema. Y además me dijo algo que se me quedó grabado: que le gustaba mucho mi trabajo y que, si algún día se casaba, le gustaría que yo hiciera su reportaje.
Aquello quedó ahí, como quedan a veces algunas conversaciones bonitas que no sabes si volverán a aparecer.
Pero años después me escribió.
Me contó que estaba con Mariano, que se casaban, y que quería que yo hiciera la película y las fotos de su boda.
Lo curioso es que la historia de ellos también empezó de una manera parecida: a través de una pantalla. Mariano vio a Inma presentando el telediario, le llamó la atención, le escribió y ella contestó. A partir de ahí empezaron a conocerse poco a poco, primero por escrito y después en persona.
Y de aquellos mensajes nació todo esto.
Se casaron en Carrión de los Condes, en Palencia, en el Monasterio de San Zoilo. Un lugar impresionante, de esos que no necesitan demasiada explicación porque en cuanto entras ya entiendes que allí las cosas pesan un poco más: la piedra, la luz, los pasillos, el silencio, la historia.
La boda tuvo muchas capas.
El día anterior hicieron una preboda con espíritu de verbena de pueblo, muy de estar juntos, de celebrar sin solemnidad. Y al día siguiente llegó la boda en San Zoilo, con preparativos, ceremonia, comida, baile y todo lo que fue pasando entre medias.
La ceremonia fue muy especial porque Mariano es músico, pianista, profesor de conservatorio y director de coro. Así que no fue una ceremonia con música de fondo. Fue prácticamente una ceremonia-concierto, con coro, orquesta y más de sesenta músicos. Una barbaridad, dicho bien.
En las fotos está todo eso, pero contado desde los gestos.
Está Mariano preparándose en una habitación pequeña antes de entrar en un lugar enorme. Está Inma con su vestido, su familia, sus amigas, sus nervios y su calma. Está San Zoilo como escenario y casi como personaje. Está la ceremonia, la música, los abrazos, los invitados grabando con el móvil, el coche antiguo, el claustro, los brindis, los discursos, el baile y la fiesta.
Y está, sobre todo, esa sensación de que algunas historias llegan por caminos rarísimos.
Un día escribes a alguien para pedirle permiso para usar unos planos del tiempo.
Años después estás fotografiando su boda.
La vida, cuando quiere, también sabe montar bien.
Inma y Mariano.
Monasterio de San Zoilo, Carrión de los Condes.